Desde el abismo - Capítulo 19

September 14, 2019

 

El sol comenzó a descender pintando el atardecer de un rojo intenso. Damián planeó la ruta que tomaría y calculó veinte minutos para llegar a la bodega. Aguanta Raúl. 

 

Pensó en Gina, no se había despedido de ella pero estaba a salvo, eso era lo importante. Se pasó una mano por la cara, pensando en lo mucho que habían cambiado las cosas desde que había despertado esa mañana. Que Valderrama supiera sobre él quizá había sido inevitable, pero si no le hubiera quitado el coche a Raúl, ahorita estaría en un avión con Gina, camino a Alaska. Intentó recordar el nombre del pueblo que había dicho Gina pero no se le vino a la mente. 

 

El sonido de una sirena lo hizo mirar el retrovisor. Dos Jettas polarizados se abrían paso entre el tráfico. 

 

Apretó las manos al volante y pisó el acelerador cambiando de carril. Los Jettas hicieron lo mismo. En la siguiente calle dobló bruscamente a la derecha haciendo que un Chevy saliera del camino y se estrellara contra un poste. 

 

Llamada entrante de Lucas Martín, anunció la voz computarizada del Audi.  

 

—¿Estás en la bodega? 

 

—Aún no. Pasé a ver a Valderrama porque me dejó un mensaje muy extraño pero no estaba en su casa. Dijo que estaría contigo. 

 

Uno de los Jettas se le pegó a la defensa, el otro seguía abriéndose paso.

 

—¿En dónde estás?  —preguntó Damián, cambiándose de carril. 

 

—A punto de abrir mi regalo. 

 

—¿Ya llegaste? 

 

—En cinco minutos. ¿Tú dónde rayos estás y por qué estás actuando tan extraño hoy?

 

—Ahí te veo.  

 

El segundo Jetta se emparejó llegando al semáforo. Un sujeto con lentes obscuros bajó la ventana y le apuntó con un arma. Damián se subió a la banqueta rodeando al camión que se había detenido en frente, y cruzó la avenida con el semáforo en rojo, provocando que varios vehículos frenaran a media calle. El Jetta que tenía pegado a la defensa pasó detrás de él, llevándose el espejo de un enfurecido taxista. El otro se quedó en el semáforo sonando una sirena para que se quitaran los confundidos conductores. 

 

Al ver la fila de coches parados y los cientos de peatones cruzando al teatro, tomó un atajo, entrando por una calle en sentido contrario, y esquivando a una señora que cruzaba la calle con una carriola. Las llantas del Jetta derraparon al entrar a la calle detrás de él. Miraba por el retrovisor esquivando peatones asustados y conductores enfurecidos, e ignorando a la patrulla que los comenzó a seguir pidiéndoles que se detuvieran. 

 

Al salir de las transitadas calles, Damián aceleró alcanzando el semáforo amarillo que cruzaba la avenida principal y se dirigía a la autopista. El policía que venía en el asiento del copiloto sacó un arma, y le apuntó a las llantas del Audi. Tenía al Jetta justo en la mira, un poco delante de él pero estaba completamente enfocado en Damián. Será mejor que dispares porque no pienso detenerme.

 

Echó un vistazo por el retrovisor, esperando que la patrulla pidiera refuerzos. Tenía que llegar a la bodega. No tenía tiempo de desviarse para perderlos. El Jetta lo alcanzó y de pronto sintió que todo pasaba en cámara lenta. Vio al policía que en un tono desesperado le ordenaba que se detuviera, la luz de las sirenas, el Jetta a un lado y de repente sintió un impacto. 

 

El Jetta le dio en la llanta izquierda trasera, levantando el Audi unos centímetros del suelo. El Audi se sacudió amenazando con salir del camino, pero Damián aceleró retomando el control del vehículo. 

 

Damián miró al conductor del Jetta por el espejo, y anticipando su movimiento, se hizo a un lado antes de que el Jetta intentara golpearlo nuevamente.

 

Iba en el carril izquierdo y estaba llegando a la desviación que lo llevaba a las bodegas, del lado derecho. Calculó la distancia entre el Jetta y la patrulla y se abrió antes de dar una vuelta cerrada, cortándole el paso a los dos vehículos.  

 

Pisó el acelerador hasta el fondo, mientras veía por el espejo como se arrugaba toda la carrocería del Jetta al volcarse sin control. La patrulla había golpeado el Jetta de frente y las llantas traseras se habían alzado haciéndolo caer de cabeza y patinarse hasta frenar con un muro de contención. 

 

Manejó en línea recta dejando atrás el escandaloso incidente, sabiendo que había comprado algo de tiempo. El velocímetro superaba los ciento ochenta kilómetros por hora. En unos minutos debía estar en su destino. Abrió la guantera, sacó su identificación de la cartera y la echó a la bolsa trasera del pantalón. 

 

Finalmente,  a su derecha alcanzó a ver un terreno  con la fila de locales vacíos que le había descrito Lucas, y su Porsche estacionado en el último. 

 

Dejó el coche en la puerta, e irrumpió en la bodega sin anunciar su entrada. 

 

Pasó a un lado de la camioneta blanca y vio a Lucas sonriendo con las manos en los bolsillos, parado junto a uno de sus hombres. El otro estaba parado al lado de una silla, y en la silla había un hombre con los ojos cerrados y la cara cubierta de sangre. 

 

Llegué muy tarde.  Exhaló y caminó atravesando el frío espacio. —¡Lucas! 

 

—¿Damián? —preguntó la débil voz desde la silla. —estás aquí.

 

Con un nuevo ánimo al ver que su amigo estaba vivo, Damián caminó hasta Lucas. —¡Detén esto ahora mismo! ¿aún no te das cuenta de que el que está atado a esa silla es tu hijo?  

 

Lucas sonrió, esperando que Damián terminara el chiste, pero Damián se detuvo frente a él con una expresión severa. 

 

—Al hombre que buscas lo tienes en frente. —Damián sacó la identificación de Manuel Padilla con su fotografía. —No más mentiras. 

 

Lucas sacó las manos de los bolsillos y tomó la identificación. La miró por un instante y en un modo inexplicablemente tranquilo se la regresó a Damián. Abrió y cerró los dedos, cambiando su peso de un pie a otro. —¿Estuviste bebiendo?

 

—Llevo muchos años esperando este día. Solo pensé que sería distinto. 

 

—Déjenos. —Lucas bajó la mirada al darle la orden a sus hombres.

 

—Señor,

 

—¡Lárguense! 

 

Damián quiso acercarse a Raúl, pero esperó a que los sujetos salieran de la bodega y Lucas entendiera lo que estaba pasando. 

 

Lucas volteó el cuerpo hacia un lado y después hacia el otro, inseguro de a dónde ir. Finalmente metió una mano al pantalón y caminó hacia Raúl. Se paró frente a la silla, y aún dudando de lo que decía Damián, lo tomó del cabello y le alzó la cara. 

 

—Nunca ocultaste tu desprecio pero no pensé que llegarías a esto, papá. —Raúl habló tan quedito que Lucas tuvo que leer sus labios para entenderle. 

 

Lucas abrió la mano soltando a Raúl, y caminó hacia atrás mirando el suelo, con una mano en la barbilla. Damián lo observó.

 

—¿Culpable? ¿enojado? ¿traicionado? —Damián preguntó, acercándose a ellos. Sin quitar la vista de Lucas, desató las cuerdas que ataban a Raúl. 

 

Raúl intentó ponerse de pie pero sus piernas no resistieron y se dejó caer sobre Damián. Damián lo sostuvo en su brazo.  

 

Lucas alzó un dedo apuntándolo a Damián, —¿quién eres? —su voz era irreconocible. Aún no explotaba, aún no le caía el veinte. 

 

Damián dejó a Raúl en la silla. —lo siento mucho. —susurró. Después miró a Lucas, —soy el hijo de Carolina Ferrer. ¿Te suena el nombre? 

 

Lucas lo miró confundido. —¿Debería?

 

—Te acostaste con ella varias veces. Era la mesera del restaurante del valle. 

 

—¿Puedes llegar a la parte en la que explicas esto? —Lucas agitó un dedo al aire. 

 

—Carolina FERRER, Lucas. 

 

A Lucas le tomó un par de segundos hacer la conexión.

 

—¿Conocías a Carolina?

 

—Era mi mamá. 

 

Lucas soltó una risa histérica. —Esa perra nunca tuvo hijos. La muy idiota se mató a los veintiséis y yo sigo sin entender qué chingados está pasando aquí, así que ayúdame Damián. 

 

—Se mató de la misma forma en la que lo hizo tu hija.

 

Raúl intentó alzar la cabeza, sabiendo que hablaba de su hermana. Pero no lograba entender cómo Damián lo sabía. Tampoco sabía que Damián conocía a su padre. Cada palabra que decía su amigo lo hacía parecer más un extraño. Intentó hablar pero estaba muy débil para hacerlo.

 

Lucas lo miró desafiante. —No metas a Zoe en esto.

 

—Pero te equivocas en algo. Carolina sí tuvo un hijo. Ella misma te dio la noticia de su embarazo. 

 

—Abortó. Yo le di el dinero. 

 

—Cambió de opinión.

 

—¡¿De qué carajos se trata esto?! 

 

Damián suspiró —Llegó la hora de que tú y yo tengamos una larga plática, papá.

 

 

El estallido de varias detonaciones interrumpió la reacción de Lucas. Damián tomó el brazo de Raúl, quién se quejó en respuesta. Si era por el dolor o porque no quería que lo tocara, Damián no lo supo. Pero tenía que sacarlo de la línea de fuego. 

 

—¿Tú estás detrás de esto? —Lucas miró a Damián como si quisiera escupirle en la cara. 

 

—Maté a Valderrama. —respondió sin dejar de jalar a Raúl al interior de la camioneta. 

 

Los ojos de Lucas se abrieron completamente y sin pensarlo dos veces se metió a la camioneta detrás de Raúl. 

 

Las puertas de la bodega se abrieron y siete sujetos abrieron fuego hacia el interior. Damián pisó el acelerador con la camioneta pegada a la pared, arrollando a tres hombres que no alcanzaron a quitarse del camino. 

 

Los hombres que había corrido Lucas estaban tirados a un lado con impactos de bala en la frente y el pecho. 

 

—¡¿Mataste a Valderrama?! ¿Pero qué clase de idiota haría algo así? 

 

—Fue un accidente. —Damián miró hacia el frente, preguntándose por qué lo había dejado subir. 

 

—Oríllate. —Lucas se pasó al asiento del copiloto. 

 

—¿Aquí? ¡esas eran ametralladoras! ¿quieres que nos maten a todos? 

 

—A ti es al que están buscando si no me equivoco. 

 

—Allá atrás no se detuvieron a preguntar, ¿verdad? No creas que intento salvarte a ti o a mi. Lo hago por él. No le habría pasado nada de esto si no fuera por mi. 

 

Lucas lo miró de reojo. —Necesita un hospital. No me veas así, esto no lo hice yo. Lo hiciste tú. 

 

Lucas tragó saliva, mirando por el espejo y esperando a que saliera una fila de coches que sin duda comenzaría a seguirlos para acabar con ellos. Bajo otras circunstancias llamaría a su lista de contactos para que lo sacaran de ese problema pero lo que había dicho Damián lo había dejado atónito. 

 

Por primera vez se desplomó su arrogancia, aún no creía que Damián lo hubiera traicionado, cualquiera podría hacerlo pero él no. 

 

Damián pensó en los vehículos que vio afuera de la bodega. Fuera del Porsche de Lucas, solo había un Jetta y una Hummer. No era una gran lista, pero estaban bien armados. Lucas miró hacia el cielo como si buscara algo entre las estrellas, y Damián se preguntó si un helicóptero también saldría a perseguirlos. Supongo que estoy a punto de averiguar qué tan importante eras.

 

El retorno estaba a unos minutos. Si daba vuelta a la izquierda regresaría a la ciudad. Tendría que reducir la velocidad y con toda seguridad los alcanzarían, pero con un poco de suerte podría dejar a Raúl en una clínica. Si seguía derecho, Raúl moriría, pero tendría forma de ocultarse entre el bosque. Incluso dejar la camioneta y seguir a pie.  

 

Unos kilómetros atrás, se alzó una nube de polvo indicando que ya había alguien más en la autopista.  El pie de Damián ya estaba al fondo del acelerador.

 

Lucas vio el letrero que indicaba el camino a la ciudad y miró a Damián. —Por mucho que me cueste decir esto, Raúl no va a sobrevivir. 

 

Damián apagó las luces y redujo la velocidad, no había nada qué pensar. 

 

Lucas miró hacia atrás y después se acomodó en el asiento, aceptando un final inminente. —Creo que estabas a punto de explicarte.

 

Damián lo volteó a ver. ¿Quién hubiera pensado que todo terminaría de esa forma?  

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F. Carod

International writer & Life Coach

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