Desde el abismo - Capítulo 20

September 17, 2019

 

—Sabía que harías esto. —dijo Lucas al ver que Damián se metía en el retorno. Se tocó las bolsas de la camisa y el saco, y encontró un frasco de pastillas. Saco dos y se las puso en la boca. 

 

—Es el único en este vehículo que merece vivir. Por supuesto que voy al hospital. 

 

Lucas y Damián vieron las luces en la otra dirección. En cualquier momento pasarían por el retorno. 

 

Sigan, sigan, sigan.

 

—Uno de ellos va a venir hacia acá. —Le aseguró Lucas, y miró nuevamente a Raúl. —Es un caso perdido. 

 

Damián lo vio sacar un arma. —Me agarraste por sorpresa pero ya tuve unos minutos para pensar. 

 

—Si tenías un arma, ¿por qué no la usaste allá atrás? 

 

—Porque desde que vi esa identificación supe el lugar que ocuparía esta bala. 

 

Damián asintió una vez y miró hacia la carretera. —Si vas a dispararme hazlo una vez que dejemos a Raúl. 

 

—Si no te he disparado es porque sigo esperando una explicación. 

 

Damián entrecerró los ojos apretando el volante con las manos. Un momento después vieron por el retrovisor las luces de un coche a lo lejos.  

 

—Será mejor que te apures, no quiero que mueras antes de decirme todo.

 

Damián encendió las luces de la camioneta. Ahora que los habían descubierto no tenía caso manejar a oscuras. 

 

Era el Jetta el que había decidido dar vuelta y se acercaba deprisa. Pisando el acelerador de aquella camioneta se sentía como un jabalí huyendo desesperadamente del león que estaba a punto de cazarlo. Volteó a ver a Raúl, ya había perdido el conocimiento, desesperado volteó con Lucas. —Dispárales. 

 

Lucas negó con la cabeza.

 

—¡Dispárales! 

 

—Solo tengo una bala. 

 

—Entonces ve allá atrás y revisa si hay más armas. 

 

Lucas no se movió.

 

—Usaron esta van para secuestrar a Raúl, debe de haber algo ahí. ¡Lucas reacciona! Estamos a unos minutos de la clínica. 

 

El Jetta estaba a solo unos metros. Damián miró a Lucas nuevamente. —Si nos alcanzan nos morimos todos. Tú te quedas sin tu explicación, y Raúl se muere por nuestras pendejadas.

 

—Yo no tuve-

 

—¡Haz algo carajo! —ordenó Damián saliendo de quicio. 

 

Un sonido de incredulidad salió de los labios de Lucas, pero se enderezó en el asiento, y bajó la ventana. 

 

—No les vas a dar, pásate para atrás. —Damián sacudió la cabeza. —O pásate al volante y yo lo hago.

 

—Debes pensar que soy un idiota para darte mi arma. 

 

—Si quisiera matarte ya lo habría hecho. Créeme que he tenido oportunidad de hacerlo. 

 

Lucas se pasó para atrás, refunfuñando al hacerlo. Damián giró el volante, esquivando las balas que venían del Jetta. 

 

Finalmente, Lucas abrió las puertas de atrás. Damián esperaba escuchar un disparo, pero Lucas había encontrado algo mejor. 

 

El Jetta intentó frenar al ver el lanzacohetes. Lucas disparó, haciendo que el Jetta explotara y el calor del fuego se sintiera en toda la camioneta.

 

—¡¿Estás loco?! —Damián luchó por controlar el vehículo. —¡Estaban demasiado cerca! 

 

Una vez que la camioneta regresó a su carril, Damián sintió el metal en la nuca. —Primero Raúl —. dijo entre dientes. A lo lejos se alcanzaba a ver una cruz de neón. Damián pisó tanto el acelerador que pensó que su pie saldría por el otro lado. 

 

—Dejamos a Raúl, y tú y yo vamos a dar una vuelta. —Dijo Lucas presionando el arma. —si intentas cualquier cosa, no me interesa cuánta gente haya ahí dentro, te vuelo los sesos. ¿Estamos claros? 

 

Una curva se dibujó en los labios de Damián. —¿Qué crees que hice? 

 

—Creo que me traicionaste, Damiancito.

 

Eso es obvio, pensó, reduciendo la velocidad y dejando la camioneta frente a la puerta de emergencias. 

 

—No se te ocurra-

 

Damián se bajó sin dejar a Lucas terminar su amenaza. Bajó a Raúl y entró al hospital alegando que lo había encontrado en la carretera. Lucas permaneció afuera, junto a un árbol. Cuando le intentaron hacer preguntas, Damián dijo que no sabía nada más y salió hacia dónde Lucas lo estaba esperando.

 

 

Respiró profundamente al salir, inhalando el aire frío de la noche. No pensó que lo lograría pero Raúl ya estaba siendo atendido. Miró hacia los lados. Solo estaba la autopista en frente, y del lado derecho comenzaba el bosque. Valle de Plata estaba en la otra dirección, Damián nunca había llegado tan al norte, con curiosidad notó que los árboles eran distintos de este lado de la ciudad. Asintió metiendo las manos a las bolsas del pantalón. Había terminado lo que tenía pendiente. Pensó en el comprador y recordó que había dejado su teléfono en el Audi. Encogió un hombro, al menos había terminado lo más importante. 

 

Lucas lo miró extrañado. —Espero que estés pensando en lo que vas a decirme. 

 

—¿Quieres hacerlo aquí? 

 

—No. —Lucas movió el arma, indicándole el camino. 

 

Damián suspiró, dirigiéndose hacia la autopista. El sonido de varias sirenas los hizo alzar la vista. Camiones de bomberos y ambulancias se apresuraban en el otro carril. 

 

—No sé mucho de Carolina, para serte sincero. —dijo finalmente. Lucas estaba un paso atrás de él. Damián no tuvo que voltear para saber que el arma estaba dirigida a su cuello.  —Al menos no de antes. Sé que era mesera del restaurante cuando tu estabas planeando abrir un parque de atracciones en Valle de Plata. 

 

—Por acá. 

 

Damián volteó, Lucas inclinó la cabeza hacia los árboles. 

 

—Continúa. 

 

—Manejabas cada semana de la ciudad a las montañas, y en el camino encontraste un entretenimiento. Carolina se enamoró de ti y tú le prometiste que algún día dejarías a tu esposa para irte con ella. 

 

—Aquí está bien. —Lucas se detuvo. 

 

Estaban entre los árboles bajo la luz de un reflector de la autopista. Damián se sintió extraño entre tanta naturaleza sin sentir la neblina a la que tanto se había acostumbrado. 

 

Lucas lo miraba fijamente. En sus ojos había curiosidad y decepción. Claramente no estaba disfrutando la historia pero Damián suspiró, tomándose su tiempo.  

 

—Pero el día que Carolina se embarazó ya no te gustó. Así que le diste dinero para que abortara. Pero ella no quiso. Te dijo que lo haría y tú le creíste. Tuvo al bebé y la corrieron del restaurante. Al no poder trabajar en ningún lado, comenzó a pedir limosna en la calle. Finalmente encontró una choza. No teníamos absolutamente nada y se metía el agua cuando llovía pero aún así lo hizo un hogar. Estábamos bien, —Damián miró a Lucas, —hasta el día que llegaste a verla. 

 

Lucas bajó el arma y desvió la mirada intentando acordarse de ese día. Había pasado mucho tiempo, recordaba vagamente a Carolina pero estaba seguro de que no la había visto con ningún niño. 

 

—Me pidió que me ocultara. Tú no podías verme pero yo lo vi todo. Pensó que venías porque la amabas pero había otra mujer en el asiento del coche. Tu esposa. 

 

—Sí, —Lucas asintió recordando bien la escena. —Esa estúpida hizo que la gente comenzara a hablar. Tuve que dejarle claro que no existía nada entre nosotros. 

 

Damián parpadeó un par de veces. Le pareció ver a Carolina parada junto a Lucas, pero así como había aparecido, también desapareció. Damián se aclaró la garganta, intentando permanecer cuerdo.

 

—Cuando te fuiste, mi mamá se metió al baño y se cortó las muñecas. Al parecer no podía vivir sin ti. 

 

Lucas tragó saliva y miró para otro lado. La historia no lo había conmovido, pero sí lo había incomodado. No había pensado nunca en ellos, pero ahora recordaba perfecto esa tarde.  

 

—Tras pasar unos días en la montaña, un señor me encontró y me llevó a la casa Luz y Esperanza. Una pareja con poca tolerancia y aún menos dinero. Acumulaban niños olvidados como si fueran una colección, y todo por unas monedas que le daba el gobierno apoyando su “causa”. 

 

Lucas lo volteó a ver al escuchar el nombre. En todas las noticias había salido el matrimonio que había matado a golpes a un niño por negarse a hacer la tarea. Cuando salió la noticia comenzaron a salir más casos de los niños que habían sido víctimas de los malos tratos de ese lugar. 

 

—Me salí de ahí a los trece años y pensé en quitarme la vida. Era una vida que no valía mucho y el mundo no perdería nada. Pero sentía que tenía algo pendiente, de cierta forma le diste un sentido a mi vida. Me senté en una piedra de Sibiantaú y le prometí a mi mamá que te haría lo mismo que le hiciste a ella.

 

Lucas alzó una ceja con ironía. —¿hacer qué? ¿cortarme las muñecas? 

 

—Dejarte sin razones para vivir. 

 

Lucas soltó una pequeña risa irónica. 

 

—La verdad no tenía ningún plan. Busqué refugio en un hotel cerca del restaurante y el dueño me dejó quedarme ahí. 

 

—Las cabañas de Arturo. 

 

Damián asintió, —tenía los papeles que me sacaron en la casa Luz y Esperanza a nombre de Manuel Padilla, el nombre que les di al llegar. 

 

—¿Por qué ese nombre?

 

—Mi mamá lo adoraba. Sus canciones eran deprimentes, pero mi mamá cantaba una de ellas todo el tiempo.  

 

Lucas apretó los labios y sacudió la cabeza. —Un cantante. 

 

—Llegué a tu oficina, usando mi verdadera identidad porque quería que escucharas mi nombre. Me imaginaba como la escena de alguna película en donde te quedarías impactado al escuchar mi apellido, pero no hiciste nada. Comprenderás mi decepción al ver que ni siquiera sabías el apellido de Carolina. 

 

Lucas no pudo evitar sonreír, —eras un jovencito que parecía decidido a trabajar ahí. 

 

—Estaba decidido, pero no a pedirte trabajo. Lo tomé sin saber lo que haría después. Solo sabía que tenía que acercarme a ti, aprovechando que no sabías quién era. Cada vez te conocí mejor. Pensé que con quitarte el éxito sería suficiente. Quizá tu familia no era tu punto débil pero el dinero sí lo era. Metí a la base de datos a un gran vendedor, pero Manuel Padilla solo fue un vínculo para sacarte todo el dinero que pude. Comisiones, viáticos, promoción… —Damián sopló, —con lo que pagaste y los desvíos que hice, me hiciste millonario. 

 

Lucas arrugó los ojos. —Hijo de puta, ¿tú robaste todo ese dinero? 

 

—Paciencia Lucas, aún no llego a la mejor parte. 

 

Damián notó que la respiración de Lucas se agitaba. Probablemente había asociado a Manuel con la alerta a las autoridades sobre el parque y quizá del hotel, pero no tenía idea de todo lo que estaba a punto de descubrir sobre Damián. 

 

—Pero cuando cerró el parque tus amigos sintieron lástima por ti y se hicieron tus socios en una nueva aventura. —Damián continuó con una pequeña sonrisa, ignorando el arma que en cualquier momento regresaría a su cara. Comenzaba a disfrutarlo. —Mientras tanto, las cosas se dieron y yo ya me había acercado a tus hijos. Me acostaba con Zoe y salía a tomar con Raúl. Los dos, igual que su padre, me adoraban. Creo que Zoe habló de matrimonio en algún momento. —Damián rió,—¿te imaginas su cara si se hubiera enterado de que se estaba cogiendo a su hermano? 

 

Lucas apretó el arma, como Damián lo había previsto, pero Damián continuó. 

 

—Y aunque me pasaba por la cabeza matarte a ti y a toda tu familia, nunca pensé en realmente hacerlo. —alzó la mirada, —hasta que Zoe metió la pata. Encontró los papeles del parque y tuve que callarla. Me pareció muy dramático replicar la escena de mi mamá, un suicidio en el baño, pero era la primera vez que lo hacía. Quizá eso te daría una pista de que alguien aún se acordaba. Desde ahí no hubo vuelta atrás, una especie de locura se apoderó de mi y supe que ya no había nada que me detuviera, iba a arrebatarte absolutamente todo.

 

—Ma… ¿mataste a Zoe? —La voz de Lucas se quebró y sus rodillas temblaron.  

 

Damián hizo una pausa antes de continuar. 

 

—Miranda fue un caso extraño. El que siguiera dando consultas en el valle fue pura casualidad. Aquí entre nos, antes de morir, Zoe confesó en dónde había escondido los papeles. Pero con todo el ajetreo del primer asesinato, no lograba recordarlo, de hecho no recordaba nada.  Así que le pedí a Miranda que me ayudara a recordar... Verás, ya había decidido que perderías a tu esposa dos meses después de haber perdido a tu hija. Pero no llegué a los dos meses, en la sexta sesión Miranda me ayudó a recordar y no tenía caso seguir posponiendo el asunto, así que la maté. Estuve tentado a decirle que yo era el hijo de tu amante pero me pareció de muy mal gusto hacerlo mientras mis manos succionaban el aire que quedaba en sus pulmones.

 

Los ojos de Lucas se llenaron de lágrimas, no podía creer lo que estaba escuchando. Damián vio el arma deslizarse de sus dedos. 

 

—Increíble, sí hay un corazón ahí dentro después de todo. —Damián esperó, pero Lucas permaneció de pie, aún escuchando. —Después de su muerte tu seguías con Hugo, Paco y Luis jugando al viejo rico Mcpato, y tenías razón, Valentín sí que estaba obsesionado con Miranda. De hecho él fue el único que supo que yo la maté. Lástima que no haya logrado conseguir evidencia antes. Pero sí, por eso me odiaba, le quité al amor de su vida. 

 

Damián se detuvo, sin estar seguro de que Lucas seguía escuchando, pero sus ojos rojos lo miraron reafirmándolo. 

 

—A Andrés fue fácil ponerlo en tu contra. Cuando pensó que lo habías engañado con el asunto del parque, y que realmente nadie te había querido fregar sino que no habías sido apto para el puesto, se sintió traicionado. Además ya no le parecías tan extraordinario en los negocios. Y entonces solo me quedaba Raúl. Pero nunca quisiste mucho a Raúl, ¿verdad? Así que pensé en mandarlo con los papeles para que te sintieras culpable de haberlo matado, sabiendo que él era inocente. Pero algo me hizo cambiar de opinión. 

 

Las lágrimas seguían contenidas en los ojos de Lucas. A Damián le pareció verlo más viejo. 

 

—Y entonces quedamos con lo único que te queda en este mundo, yo. Sé perfectamente cuánto significo para ti. Lo confirmé con esa basura de edificio que me regalaste. Y ahora te enteras de que esa persona que tienes en alto es la que te ha quitado cada una de las cosas que han valido la pena en tu larga y patética vida. 

 

Lucas se desplomó cayendo sobre sus rodillas como si hubiera recibido el golpe final.  Las lágrimas no tardaron en llegar al suelo. 

 

—Te dejaste llevar por la lujuria Lucas, y está bien, ¿quién soy yo para juzgar? pero ahora te toca a ti perder lo único que nos mantiene vivos, la esperanza. —Damián caminó alrededor de él. —¿Qué se siente? Siempre me he preguntado si todos experimentamos el infierno de la misma forma. Mi mamá, yo… y ahora tú.

 

Con una mano temblorosa, Lucas alzó el arma.

 

Damián se sentó frente a él, sin sentir la necesidad de huir. Había pasado tantos años esperando a ver a Lucas hundido y finalmente lo había logrado. Lo que pasara después, le importaba poco.

 

—Fuiste como un hijo. 

 

—Literalmente.

 

—Todo esto… ¿por esa mujer? —Lucas preguntó, viéndolo a los ojos. 

 

—Sí. —La respuesta era corta y sencilla, no habían más razones. —Lo que tú hiciste en unos minutos, me tomó a mí veinte años. 

 

Lucas asintió dirigiendo el arma. Las cejas de Damián se arquearon al ver que el arma no estaba dirigida hacia él. 

 

Lucas bajó el arma y con una nueva fuerza la alzó. El disparo hizo eco entre los árboles haciendo que decenas de murciélagos volaran asustados. 

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F. Carod

International writer & Life Coach

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